Mar 16 2018 | Gustavo Vazco

¿Es el mainstream una industria cultural?

La definición aprobada por la UNESCO en 2005, identifica a las industrias culturales con todas aquellas actividades que:

Producen y distribuyen bienes o servicios que -durante su elaboración- tienen un atributo, uso o fin específico que incorpora o transmiten expresiones culturales, con independencia del valor comercial que puedan tener. Además de los tradicionales sectores artísticos (artes escénicas y visuales, o patrimonio cultural, incluido el sector público), también abarcan el cine, el sector del DVD y el vídeo, la televisión y la radio, los juegos de vídeo, los nuevos medios de comunicación, la música, los libros y la prensa

(Las industrias culturales.., 2014)


Entonces, ¿toda industria es cultura?

En principio, sí, porque apegandonos a la definición anterior, resulta prácticamente imposible escapar a los aspectos culturales que condicionan en todo momento nuestra realidad histórica. 

Es decir: el ser humano desde el momento en que nace, comienza a ser educado e instruido por sus mayores, que a su vez son influidos por los aspectos culturales y/o tradicionales, transmitidos generacionalmente y que les permiten sobrevivir bajo ciertas condiciones especial-espaciales, entre las que destacan, territorio, recursos disponibles y formas de gobierno.

En pocas palabras, todo a nuestro alrededor es cultura, ya que todas nuestras creencias y formas de organización, son adquiridas y transmitidas en cada una de nuestras obras, incluyendo el trabajo que hacemos para otros. Pero, si todo a nuestro alrededor forma parte de la cultura, entonces, ¿todo lo que hacemos forma parte de la industria? 

Técnicamente no, puesto que se trata de un término ocupado a partir de las primeras revoluciones industriales, para definir a los sectores industrial-productivos, que brindan bienes y servicios masificados, por lo que requieren de una gran mano de obra para operar. 

Diría el profesor Martín Barbero (2014) El cine no es arte, a pesar de ser una industria. Es arte industrial y es otra cosa.  Por supuesto, el cine da trabajo a miles de personas, cada una cooperando con diferentes actividades. Unos se dedican a la imaginación, otros brindan su lomo. Sin embargo, el trabajo final, pertenece a un gran equipo que se organiza para producir un tipo de arte, que es una industria. 

Ahora bien, continuando con las ide del profesor Barbero:

No confundan industria con capitalismo, no confundan industria con mercancía, industria tiene que ver con producción y con producto (...) La industria del acero en Pittsburgh que daba trabajo a un millón de personas y que tenía fábricas con tres turnos de cinco mil obreros cada uno (...) ¡Eso era la industria! ¡Eso es la industria! 

Por supuesto con el paso del tiempo, el incremento de la población y sus consecutivas necesidades, así como el nacimiento de las nuevas tecnologías de la información y comunicación, presenciamos ahora una nueva era industrial. Mucho más seccionada e incluso especializada, que aprovecha herramientas digitales para multiplicar su productividad sin requerir de una excesiva mano trabajadora.

Como ya explico el profesor Martín Babero: una cosa es la industra y otra muy diferente es el sistema capitalista que hace con; otra cosa es que nacieron por los mismo sdías, pero no se pueden confundir. Lo mercantil no es lo industrial (...) Hoy vemos pequeñas y medianas industrias que son en gran medida alternativa a lo mercantil. Por supuesto lo mercantil gana, porque sabemos lo que hace. 

Ahora bien, dentro de la comunidad industrial se forma cierto tipo de cultura, pero eso no lo convierte en una industria cultural. Las maquinarias de gobierno, funcionan también como una industria, si lo pensamos desde una perspectiva estructural-funcionalista. 

Las estructuras sociales sostienen y dan funcionamiento a los modelos de gobierno, con sus respectivas relaciones económicas y geopolíticas, dando trabajo a cientos de miles de personas, que le brindan un sin número de activos y pasivos económicos.

Naturalmente, un modelo de control y/o dominación del espacio material planetario como el que está en curso, requiere, como ha sucedido siempre, de una labor simultánea de hegemonización y, de ser necesario, de dominación ideológica y cultural que lo imponga o lo legitime.  (Getino, 2003)


Cultura y masividad

La tentativa de globalización cultural, educativa, comunicacional e informativa, tan antigua o más que la Pax Romana (idem), permite que una o más poblaciones con diferentes tradiciones, se identifiquen dentro de un proyecto de nación, ya que al generalizar comportamientos y creencias, las personas reconocen sus similitudes y se unifican. 

Por ejemplo, si juntamos en una habitación a cinco hispanoparlantes y a dos angloparlantes, con diferentes nacionalidades cada uno, es mucho más probable que los hispanos, organicen una comunidad independiente a los otros dos. No porque hablen distinta lengua, sino porque la lengua es una característica que distingue a las diferentes culturas, así podrán evocar más cosas en común.

Aunque los hispanos, también se distingan por su región de origen, su lengua comparte un conjunto de tradiciones y verdades históricas, que podrán sugerir entre sí, del mismo modo que los angloparlantes de nuestro ejemplo, podrán o no, hacerlo entre ellos. Así es como observamos que la primera cultura masiva, la cultura que creó el Estado de Nación (...) tuvo que convertir lo popular en masivo. (Martin Barbero, 2014) 

Pongamos otro ejemplo mucho más claro: los centros de entretenimiento como los anfiteatros griegos o romanos, fueron en sus inicios una forma accesible de compartir conocimientos y pensamientos estructurados a través de la lírica y el teatro, a la población popular.

Luego durante el auge del imperio romano estos espacios se convirtieron en el hogar de espectáculos violentos, tal caso de los gladiadores; para mantener distraído al pueblo romano, mientras sus corruptos gobernantes destruían la república. 

‘Pan y circo para el pueblo’,  se extendió en todo los dominios romanos más allá de la capital, provocando una subcultura que alababa al gladiador y despreciaba a los gobernadores. Tanto como hoy se hace con los luchadores profesionales. O con la imagen del Chapo Guzmán en las playeras del barrio...

El ejemplo anterior trata de explicar a grosso modo, un tipo de industria de la cultura. Pues el entretenimiento se convierte en una mercancía, de la cual dependen muchos trabajadores. Podemos comparar el mundo antiguo con nuestro paradigma postmoderno, gracias a muchos otros ejemplos.

Las olimpiadas griegas y los juegos olímpicos actuales, proporcionan una tendencia nacionalista, entre estados y ciudades-estado. Observemos el uso político del deporte a través de los Juegos de Pyeongchang 2018, cargados de ‘acciones simbólicas’. Creo que la película originalmente se llamaba los juegos del hambre, pero los organizadores decidieron que necesitaban un nombre menos sugerente...

En fin, tenemos en Roma a los domadores de fieras, reclutadores y entrenadores de combatientes, comerciantes de esclavos, cocineros, prostitutas. También albañiles, arquitectos y constructores para sus coliseos, una gran y próspera industria.  Del mismo modo que hoy la lucha libre, en todas sus facetas, da trabajo a un importante número de personas, al tiempo que se convierte en un producto masificado, accesible en cualquier lugar gracias a las TIC. Pensemos en el personaje de  ‘Rey Misterio’.

“Dependencia y servidumbre de los hombres es el objetivo último de la industria cultural, que si bien busca despertar un sentimiento confortable en el orden en el que ella los mantiene, también resulta frustrante la manera engañosa en que se presenta esa felicidad. Impide la formación de individuos autónomos, independientes, capaces de juzgar y decidir conscientemente. La industria cultural defrauda continuamente a sus consumidores respecto a aquello que les promete.” 

(Romero González, 2016)

En las sociedades ‘modernas’, el entretenimiento forma parte del pensamiento colectivo.  Afirma Martín Barbero (2014): 

“La televisión funciona porque algo de lo que hay en la vida de la gente lo meten dentro de sus relatos y la gente se reconoce. Pero a la vez mete, lo que tiene que ver con los datos de la gente, con sus estéticas, porque con eso hace plata. 


La sociedad 2.0

Afortunadamente el desarrollo de las tecnologías de la información ha potencializado la respuesta del público hacia las industrias de la cultura, impuestas por el capitalismo salvaje y los aparatos de gobierno. 

La aparición del internet y la tecnología de streaming, por ejemplo, permite que usuarios de todo el mundo transmitan su propio contenido informativo, en ocasiones, mucho más detallado y contundente que el de los medios de comunicación tradicionales, como los periódicos o canales de noticias controlados por la censura y las restricciones gubernamentales.

Así mismo, crea un espacio para nuevos puestos de trabajo que facilitan la cooperación mutua entre individuos, sin la necesidad de pertenecer a una industria o corporación. Tal es el caso de los youtubers, bloggers, revistas y diarios on-line.

Este tipo de ‘medios independientes’, también requieren de camarógrafos, editores, diseñadores, community managers, programadores y personal capacitado en análisis de datos y estadísticas que, sin embargo, adquieren una remuneración gracias a la masificación gratuita de su contenido. Un negocio redondo y en cierto modo, freelance.

Un fenómeno importante, pues afecta no sólo a la industria del entretenimiento, sino también a la supremacía de las industrias; dado la capacidad que brindan las TIC’s a los pequeños empresarios, al tiempo que proporciona un camino equitativo para la competitividad y personalización de los servicios. Se estrechan las relaciones locales y fomenta la desaparición del concepto tradicional de nación, que es reemplazado poco a poco, por un modelo de colectividad y autosuficiencia. 

Quizá sea la razón, por la que el mundo se enfrenta hoy, nuevamente, a una complicada situación en materia política, puesto que la variedad de contenido y la multiplicidad de opciones para adquirir bienes y servicios, rompe con el mecanismo de control tradicional. De cualquier modo presenciamos el inicio de una nueva sociedad global y el derrumbamiento de las fronteras físicas que dividen al ser humano ¿ O no lo creen así?

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Referencias Universales:
Getino, O. (2003). Entre el proteccionismo y la autosuficiencia. In Foro Iberoamericano de Ciudades por la Cultura. Montevideo, 22-25 marzo. Retrieved from http://bit.ly/2rFDumO
Las industrias culturales y creativas - Debate teórico desde la perspectiva europea. (2014) Servicio Central de Publicaciones del Gobierno Vasco (1st ed.). Vitoria-Gasteiz. Retrieved from http://bit.ly/2rGByua
Noelle Neumann, E. (1995). La espiral del silencio: opinión pública: Nuestra piel social. Paidos Iberica. 
Martin Barbero (2014). Pensadores.co. Jesús Martin Barbero  conceptos clave en su obra. Parte 1: 'Mediaciones'.  Retrieved from http://bit.ly/2rIY1Xy
Riaño, P. (2013). El ‘mainstream’ nació con el Lazarillo. Noticias de Cultura. El Confidencial. Retrieved 17 March 2018, from http://bit.ly/2po6ix9
Romero González, E. (2016). El concepto de la industria cultural de Theodor Adorno. Revista Interiorgráfico De La División De Arquitectura, Arte Y Diseño De La Universidad De Guanajuato, (Año 16, No.16). Retrieved from http://bit.ly/2rH4LVR.
Standard-making process - International Affairs: Global Governance - The Graduate Institute of International and Development Studies. (2018). FutureLearn. Retrieved 10 March 2018, from http://bit.ly/2DgeWSb